En este post sobre nuestra ruta de 6 días por Marrakech, te contamos todos los rincones que descubrimos en la ciudad, además de algunas de sus excursiones más populares de 1 o 2 días que puedes hacer desde allí.
Ruta Realizada
| Día 0 | Oporto – Marrakech |
| Día 1 | Marrakech |
| Día 2 | Marrakech – Quads por el Palmeral |
| Día 3 | Marrakech – Essaouira |
| Día 4 | Marrakech – Cascadas de Ouzoud |
| Día 5 | Marrakech – Ouarzazate – Desierto |
| Día 6 | Desierto – Marrakech |
| Día 7 | Marrakech – Oporto |
Día 0:
Como de costumbre salimos desde Oporto y llegamos a Marrakech sobre las 11 de la noche. En el aeropuerto nos estaba esperando un hombre con un cartel con el nombre del sitio donde nos hospedamos, ya que teníamos el servicio de recogida contratado previamente (muy aconsejable).
Este día tuvo poco movimiento, llegamos bastante tarde por lo que nos dio tiempo a ver un poco la zona donde íbamos a dormir y con suerte encontrar un sitio para comer algo rápido de cena. Tengo que decir que en este viaje nos quedó muy aprendido que lo mejor para conocer un lugar es hacerlo por tu cuenta.
Día 1:
Si solo tienes un día para disfrutar de Marrakech, no te preocupes, ¡se puede hacer mucho más de lo que parece! Aquí te dejamos la ruta que hicimos nosotros para ver lo más importante y empaparnos del ambiente de esta ciudad tan única. Fue un día intenso, pero lleno de colores, olores, historia y rincones increíbles.
Como nuestro riad estaba a pocos pasos de la famosa Plaza Jamaa el Fna, empezamos el día allí. Madrugamos un poco para desayunar tranquilos y ver cómo amanece la ciudad. A esas horas la plaza aún está medio vacía, sin el caos de gente, encantadores de serpientes y puestos de zumo que la llenan por la tarde. Es otro rollo, mucho más tranquilo.
Con el estómago ya lleno, pusimos rumbo a la Muralla de Marrakech, que rodea toda la ciudad vieja. Fuimos directos a una de sus puertas más emblemáticas, Bab Agnaou, que es imponente y tiene ese aire antiguo que te transporta a otra época. Muy cerquita también está Bab Rob, aunque esta última es más sencilla y pasa algo más desapercibida.
Desde ahí, a un minuto andando, llegamos a las Tumbas Saadíes (140 dirhams). No parecen gran cosa desde fuera, pero una vez entras, los detalles de las tumbas y los jardines interiores son una pasada. Justo después, caminamos hasta el Palacio El Badi (otros 140 dirhams), una especie de ruina-palacio enorme con un montón de historia detrás. Aunque esté medio derruido, es impresionante imaginar lo que fue en su época.
Al salir del palacio, ya te das cuenta de que estás en pleno Mellah, el antiguo barrio judío de la ciudad. Aquí merece la pena perderse un poco por sus callejones, es más tranquilo que otros barrios y tiene un ambiente distinto, como más relajado. Caminando, llegamos al Palacio de la Bahía (sí, también 140 dirhams), que es mucho más elegante y mejor conservado. Las habitaciones, los patios, los techos decorados… todo es una maravilla.
A estas alturas, el hambre ya empezaba a apretar, así que volvimos a la Plaza Jamaa el Fna para comer. Comimos en uno de los locales de los alrededores, y aprovechamos para ver la plaza en su versión más caótica y vibrante, con turistas, locales, vendedores y músicos por todas partes.
Después de comer tocaba una de nuestras partes favoritas: perderse en el Zoco de Marrakech. Y cuando decimos perderse, lo decimos en serio. Es un auténtico laberinto de callejones llenos de tiendas, luces, olores a especias, cuero, comida… Todo un caos sensorial. Aunque al principio abruma un poco, es parte de la experiencia. Si puedes, intenta llegar hasta la Plaza de las Especias, que está dentro del zoco y es otro de esos lugares que no te puedes perder.
Para bajar un poco el ritmo después de tanto estímulo, fuimos hasta la Medersa Ben Youssef (100 dirhams), una antigua escuela coránica con un patio interior precioso, lleno de detalles en madera tallada y azulejos. Es un lugar ideal para respirar hondo y volver a conectar con la calma.
Justo al lado está la Kubba Almorávide (100 dirhams), aunque te avisamos: nosotros entramos y la verdad… no merece mucho la pena. Desde fuera se ve prácticamente lo mismo que desde dentro, así que si vas justo de tiempo o quieres ahorrarte unos dirhams, sáltatela sin problema.
Y para cerrar el día con un poquito de relax, fuimos al Jardín Secreto (200 dirhams), un oasis de paz en medio del bullicio. Entre fuentes, plantas y arquitectura marroquí, es el sitio perfecto para sentarte un rato a la sombra, recargar pilas o simplemente disfrutar del momento.
Para terminar el recorrido, caminamos hasta uno de los iconos de Marrakech: la Mezquita Koutoubia. No se puede entrar si no eres musulmán, pero verla por fuera al atardecer, con su minarete iluminado, es una imagen que se te queda grabada.
Día 2:
Hoy empezamos el día, como no podía ser de otra forma, con un buen desayuno en la Plaza Jamaa el Fna. Nos sentamos en una de las muchas cafeterías que hay alrededor (60 dirhams los dos) y desde allí, con el estómago lleno y las pilas cargadas, decidimos ir caminando hasta el famoso Jardín Majorelle.
El paseo hasta allí nos llevó unos 40 minutos, pero se hace bastante ameno. Vas viendo cómo cambia el paisaje poco a poco, cómo se transforma el caos del centro en una zona más moderna y tranquila. Esta parte de la ciudad se llama Gueliz y es como la cara más europea de Marrakech: calles anchas, tiendas modernas, cafeterías de estilo occidental… tiene su encanto, aunque es muy diferente al zoco y la medina.
Lo malo vino al llegar al jardín. Sorpresa: no pudimos entrar. Resulta que para visitar el Jardín Majorelle hay que reservar con antelación y ya no quedaban entradas para ese día. Un bajón, porque nos hacía ilusión ver este sitio tan colorido y famoso, pero bueno… ¡cosas que pasan cuando no se planifica todo al milímetro! 😅
Como ya estábamos por la zona, aprovechamos para dar una vuelta por Gueliz, que aunque no sea lo más típico de Marrakech, tiene su rollo. Fue como un pequeño respiro del bullicio de la medina.
Ya con calma, volvimos al centro, que a las 14:00 teníamos planazo: excursión en quad por el palmeral de Marrakech. La habíamos reservado el día anterior en uno de los muchos puestecillos que hay por la ciudad, y la verdad es que nos salió muy bien de precio: 350 dirhams los dos (unos 35€ aprox.).
A la hora indicada, un taxi vino a recogernos junto con otra pareja que también hacía la excursión. En unos 20-25 minutos llegamos al Palmeral, una zona a las afueras de Marrakech llena de palmeras (como su nombre indica), pero también de caminos de tierra ideales para recorrer en quad.
Una vez allí, nos dieron un pequeño briefing, nos asignaron nuestros quads y… ¡a rugir motores! La experiencia es muy guay, sobre todo si te toca un guía con ganas de marcha. En nuestro caso, tuvimos la suerte de ir con un grupo animado y un guía bastante enrollado, así que nos lo pasamos en grande. Vas esquivando palmeras, acelerando en caminos abiertos y cruzando alguna que otra zona más técnica. Todo muy controlado, pero con su punto de adrenalina.
Al acabar la ruta, esta vez nos pusieron un taxi solo para nosotros, y nos dejaron directamente de vuelta en la Plaza Jamaa el Fna. Un detalle, porque así evitamos esperar o compartir coche con más gente.
Ya por la tarde, con el subidón de la excursión todavía presente, volvimos a perdernos por el zoco. Estuvimos un buen rato haciendo compras, regateando (¡como toca!), y comparando precios en varias agencias locales para organizar las excursiones de los próximos días. Al final, después de preguntar en varios sitios, conseguimos cerrar un pack de excursiones por 200€ en total, mucho más barato que lo que habíamos visto por internet antes del viaje.
Día 3:
Suena el despertador. 6:30 de la mañana en Marrakech. Llueve. Sí, en serio, llueve en Marrakech un lunes por la mañana. Y no solo eso: estamos sin dinero y ningún cajero funciona. Una mezcla curiosa entre comedia y desesperación. Aun así, decidimos empezar el día como siempre: con un desayuno en nuestro sitio de confianza. Barato, tranquilo… y hoy, bajo la lluvia.
Son las 8:00 y estamos en la puerta de la agencia donde compramos la excursión esperando la furgoneta que nos llevará a Essaouira, una ciudad costera que nos habían recomendado muchísimo. Llamamos a Hassan, el chico que nos vendió la excursión. No contesta. Minutos después (30 minutos) por fin la señal de vida: Hassan nos confirma que vienen a por nosotros. ¡Empieza la excursión!
Tres horas de viaje nos separan del Mediterráneo. En el camino, una parada en una cooperativa de mujeres productoras de aceite de argán, donde nos explican cómo lo elaboran y nos ofrecen probar todo tipo de productos. La visita está bien, aunque se nota que es la clásica parada turística. Aun así, es muy curioso ver lo que son capaces de hacer estas mujeres con las manos.
Llegamos a Essaouira, por fin. Lo primero que hicimos fue buscar un cajero, y por suerte aquí sí funcionaban. Pudimos sacar dinero sin problema, así que respiramos tranquilos después del mini agobio matutino en Marrakech.
Una vez con dinero en mano, empezamos a perdernos por las calles. Y eso es justamente lo mejor que puedes hacer en Essaouira: perderte sin rumbo. La medina es mucho más tranquila que la de Marrakech, con un toque costero que se siente en cada esquina. Las casas blancas con puertas y ventanas azules, los gatos por todos lados, la brisa marina… Es un lugar para disfrutar del paseo.
Visitamos algunas de las puertas de la muralla, como Bab Sebaa, Bab Marrakech y Bab Doukhala, que conservan ese aire antiguo que te transporta a otra época. También pasamos por la Plaza de los Granos, muy animada, con puestos y tenderetes de todo tipo, y nos dejamos caer por el zoco Souk Jdid, más pequeño y local que el de Marrakech, pero con mucho encanto.
Nos encontramos también con la Torre del Reloj, una estructura curiosa que marca el paso del tiempo en pleno corazón de la ciudad. Y por supuesto, la Plaza Moulay Hassan, una explanada abierta junto al mar, perfecta para sentarse un rato, tomar algo y ver cómo la vida pasa entre locales, turistas y gaviotas.
Nos adentramos después en su mercado de pescado, un sitio muy auténtico (y también muy intenso). El olor a pescado es muy potente y puedes ver cómo limpian y venden la captura fresca del día. Aquí puedes incluso comprar el pescado y que te lo cocinen ahí mismo, algo por lo que vimos bastante típico.
Esta parte de Essaouira, situada en la zona del puerto, tiene un ambiente increíble: los pescadores limpiando sus redes, el ajetreo con las cajas, las barcas azules y las gaviotas al acecho forman un cuadro perfecto.
También nos topamos con otro mercado mucho más turbio donde los animales que vendían estaban vivos y en jaulas listos para su venta, ya sean vivos o no. Es parte de la realidad de muchos pueblos, y aunque es totalmente legal y común allí, si eres sensible puede ser algo fuerte de ver.
Aquí al lado está el Skala du Port, un antiguo bastión defensivo con cañones que apunta al mar y que ahora ofrece unas vistas preciosas del Atlántico. Aquí es donde puedes sacar las típicas fotos con el mar de fondo y las olas chocando con las rocas. Uno de los sitios más bonitos de Essaouira, sin duda.
Antes de subirnos al autobús de vuelta, aún nos dio tiempo a bajar hasta la playa, una larguísima orilla abierta al Atlántico, ideal para dar un paseo o sentarse en la arena. Con el viento típico de Essaouira y los cometas de los kitesurfistas en el cielo, el ambiente es totalmente distinto al resto de Marruecos. Un cierre perfecto para una escapada de día.
Para terminar, nos recogen a las 17:00 en el pueblo y de nuevo rumbo a Marrakech. Acabamos el día como nos gusta: paseíto nocturno por Marrakech, cenita y a descansar, porque mañana nos espera otro día de aventuras por Marruecos.
Día 4:
Este día lo tenemos reservado para hacer una nueva excursión. Esta vez a las Cascadas de Ouzoud.
Como de costumbre, desayunamos temprano y a las 8 habíamos quedado en la Plaza Jamaa el Fna para que nos llevaran en furgoneta hasta las cascadas. El trayecto, como a Essaouira, duró otras 3 horas.
Una vez allí, entra un guía directamente en la furgoneta. Nos pintaba algo raro, y finalmente nos comentó a todos los que íbamos que debíamos pagarle por hacernos el recorrido, algo que ni nosotros ni ningún otro pasajero teníamos contratado con la agencia. Son timos típicos del país, por eso os recomendamos que, si podéis, alquiléis un coche y hagáis estas excursiones por vuestra cuenta.
Siguiendo el recorrido marcado por el guía, hay que cruzar el río justo enfrente de las cascadas. Aquí llega la segunda timada: nos dicen que no se puede cruzar el puente porque está «a punto de caerse» y tenemos que volver a pagar para cruzar el río en una barquita.
Una vez en el otro lado, nos dicen que podemos ir a comer. Queríamos ir a un restaurante barato, pero otra vez el guía nos frena y nos lleva directamente al restaurante más caro de todos (timada 3).
A todo esto, el recorrido es muy chulo. El entorno es precioso y te encuentras con muchos monos por el camino. La verdad es que merece la pena, pero repetimos el consejo: id por vuestra cuenta. No tiene pérdida, hay un solo camino y solo hay que seguirlo.
A las 15:30 teníamos que estar todos de vuelta en la zona acordada para coger la furgoneta de vuelta a Marrakech. Tras otras 3 horas de trayecto, ya estábamos de nuevo en la ciudad.
Una vez aquí, seguimos explorando las calles de Marrakech hasta que a las 20:00 teníamos reservada una experiencia en un hammam que recomendamos 100%.
La reserva era para hacer el baño y masaje en pareja. Y la verdad es que la experiencia es cuanto menos curiosa. Si quieres vivir la experiencia sin ningún tipo de spoiler puedes dejar de leer aquí, si te interesa saber, continúa! Primero te pasan a una sala, donde te tienes que desnudar completamente y colocarte una especie de ‘braga’ o ‘calzoncillo’ de tela. Una vez listo te pasan a una sauna, donde cuando ya llevas un rato sudando entra una persona, que será la que ‘te bañe’. Literalmente nos bañó y exfolio el cuerpo y el pelo. Al principio es una sensación rara, porque.. ¿hace cuanto que nadie literalmente te baña? Pero luego entiendes que el servicio que has pagado funciona así, entonces te dejas llevar y simplemente disfrutas de la experiencia. Luego pasamos a la parte del masaje, la verdad es que es un masaje completo del todo. Desde pies a cabeza, pasando por las manos y todas las partes de tu cuerpo, totalmente relajante y muy aconsejable, sales nuevo. En total, toda la experiencia duró cerca de una hora y media.
Finalmente cenamos y volvimos a descansar al hotel.
Día 5:
Hoy tocaba una de las experiencias más esperadas, ¡ir al desierto!. A las 7:00 de la mañana teníamos la recogida en Marrakech. Nos subimos a la furgoneta y fuimos recogiendo al resto del grupo con el que haríamos la excursión. El destino final era el desierto, pero antes haríamos una parada en Ouarzazate.
Allí hicimos una visita guiada por la ciudad. El guía no venía incluido en el precio, así que hubo que pagar 30 dirhams por persona. Nos enseñaron algunos puntos del lugar, pero en general fue una visita bastante rápida, más bien de paso.
Después de esto, seguimos camino hacia el desierto, ya con la idea de que pasaríamos la noche en una haima en mitad de las dunas. Pero la realidad fue algo diferente. Cuando llegamos, nos subieron directamente a los camellos para hacer el “típico” paseo hasta el campamento. Aquí ya empezamos con mal pie: no había opción de ir andando, y aunque no estábamos nada de acuerdo con utilizar animales para este tipo de actividades, no nos dieron alternativa. Fue un paseo de una hora.
El campamento en sí estaba bien montado, la cena estaba rica y luego organizaron una especie de velada con tambores alrededor de la hoguera. Hasta ahí todo bien, pero nos llevamos una decepción cuando vimos que no estábamos realmente en “mitad del desierto” como nos habían prometido. Desde el campamento se veían las luces de la carretera y pasaban coches a pocos metros, así que esa sensación de desconexión total, de silencio absoluto y de dormir bajo las estrellas en un sitio remoto… no fue lo que vivimos.
En resumen: si estás buscando una experiencia auténtica en el desierto, te recomendamos que investigues bien las opciones antes de contratar cualquier tour. A veces lo más popular no es necesariamente lo mejor.
Día 6:
Nos despertamos temprano en el campamento, todavía en el desierto. Aunque el sitio no era tan remoto como esperábamos, ver el amanecer desde allí fue muy bonito. Poco a poco el cielo fue cambiando de tonos naranjas a azules mientras el sol aparecía detrás de las dunas. Fue uno de esos momentos tranquilos que te reconcilian un poco con el sitio, a pesar de todo.
Después del desayuno, que nos ofrecieron en el propio campamento, empezamos el viaje de vuelta a Marrakech. El regreso fue largo, pero hicimos varias paradas por el camino para estirar las piernas, tomar algo y conocer algunos lugares de paso. Aunque no fueron paradas especialmente memorables, se agradece que no fuera todo seguido porque el trayecto se hace pesado.
Durante el camino, íbamos un poco en modo reflexión, repasando todo lo vivido en los últimos días. El cansancio ya se notaba, pero aún nos quedaban unas horas más para disfrutar de Marruecos.
Llegamos a Marrakech por la tarde, bastante cansados. Fuimos directos al hotel a dejar las mochilas y darnos una ducha rápida, y con lo poco que nos quedaba de energía, salimos a dar el que sería nuestro último paseo por el zoco. A esas alturas ya no nos perdíamos tanto, y caminar por esas calles llenas de vida, de colores y de olores, tenía algo especial. Es como si Marrakech te absorbiera poco a poco y al final te sintieras parte de su caos organizado.
Terminamos el día en la Plaza Jamaa el Fna, ya de noche, con todo su bullicio: puestos de comida, gente tocando música, encantadores de serpientes, luces por todas partes… Es un lugar que nunca se queda quieto y que, aunque a veces agota, te deja con la sensación de haber vivido algo distinto.
Y así cerramos nuestro viaje por Marruecos. Con la mochila algo más llena, la cámara a reventar de fotos, y la cabeza llena de momentos que, buenos o malos, formaron parte de la aventura.
Día 7:
Hoy tocaba despedirse de Marruecos. A las 5:00 de la mañana nos dirigimos a la Plaza Jemaa el-Fna, donde negociamos con un taxi el precio para que nos llevase al aeropuerto.
Si vuelas con Ryanair, ten en cuenta que en el aeropuerto revisan al detalle las medidas de mochilas y maletas, así que asegúrate de que tu equipaje cumple con lo permitido.
Otro dato importante: imprime tu tarjeta de embarque el día anterior. En la terminal no aceptan billetes en el móvil, solo en formato papel. Muchos hoteles ofrecen este servicio de impresión, pero si el tuyo no lo tiene, no te preocupes: en la ciudad hay muchas tiendas que lo anuncian en sus escaparates y te lo imprimirán sin problema.
