Itinerario Sri Lanka: Nuestra Ruta de 12 días

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En este post de nuestra ruta a Sri Lanka por libre durante 12 días, te contamos todos las ciudades y lugares que visitamos, donde nos alojamos y sobre todo nuestra experiencia y ayuda para que recorras Sri Lanka de la mejor manera posible. 


Ruta Realizada

Día 0Lisboa – Roma (turistear por la ciudad) – Abu Dabi – Sri Lanka
Día 1Negombo – Mihintale – Anuradhapura
Día 2Anuradhapura – Uppuveli
Día 3Uppuveli (avistamiento ballenas) – Trincomalee – Uppuveli
Día 4Nilaveli (pigeon island) – Sigiriya
Día 5Sigiriya – Safari en Minneriya
Día 6Sigiriya – Dambulla – Buda de Aukana – Kandi
Día 7Kandi – Nuwara Eliya
Día 8Nuwara Eliya
Día 9Nuwara Eliya – Ella
Día 10Ella – Tissamaharama
Día 11Tissamaharama – Safari en Yala – Tangalle
Día 12Tangalle – Negombo
Día 13Negombo – Abu Dabi (turistear por la ciudad) – Lisboa

Día 0

Viviendo en Vigo, a menudo nos resulta más conveniente volar desde Oporto o Lisboa, y esta vez no fue la excepción. Salimos desde Lisboa en un vuelo de Ryanair a las 7:30 con destino a Roma, llegando a las 11:35.

En Roma, aprovechamos para hacer una visita rápida por la ciudad antes de embarcar en nuestro siguiente vuelo hacia Abu Dabi a las 19:15 con la compañía Wizz Air. Lamentablemente, esta experiencia no fue la mejor: el vuelo salió con una hora de retraso, los asientos eran estrechos y no incluía ni comida ni entretenimiento a bordo.

Finalmente, llegamos a Abu Dabi a las 4:00 de la mañana y nos dirigimos al hotel ubicado dentro del aeropuerto, donde pudimos descansar unas seis horas. Después de hacer algo de tiempo en el aeropuerto, a las 14:35 tomamos un vuelo de Etihad Airways que, ¡POR FIN!, nos llevaría hasta Sri Lanka.

Llegamos al aeropuerto de Colombo a las 20:40 y, tras pasar inmigración en solo cinco minutos, compramos dos tarjetas SIM de la compañía Dialog con 20 GB cada una por 2798 LKR cada una. Para llegar a nuestro alojamiento (Nethmi Rooms) en Lewis Place, negociamos con un tuk-tuk el trayecto por 1500 LKR. Una vez instalados en el hotel, dimos un breve paseo por Negombo Beach y Lewis Place antes de cenar en un restaurante cercano.


Día 1

El primer día en Sri Lanka empieza algo más tarde de lo previsto debido al cansancio acumulado del viaje. Tras desayunar, nos dirigimos a recoger el tuk-tuk que nos llevaría por toda la isla!!

El tuk-tuk lo alquilamos con la compañía Shane Tours. El precio total del alquiler fue de 200€ (se puede pagar en €) más un depósito en metálico de 150€. Además, te ofrecen llevarte el tuk-tuk en ciertas zonas para que disfrutes de tramos en tren por 28€ desde Nanuoya o 35€ desde Kandy, hasta Ella (en caso de que no se realice te devuelven el dinero). 

¡Ya con el tuk-tuk en nuestras manos empezó la aventura! Visitamos un par de templos en nuestra ruta por Negombo, el Templo hindú de Sri Singama Kali Amman y el Templo Angurukaramulla. Terminando con Negombo hicimos una parada en una parte del canal, donde vimos ¡un varano bebé!

Desde aquí ponemos rumbo a Mihintale, un trayecto que dura alrededor de 4 horas sin paradas. Lo cierto es que el paisaje es impresionante, pero esto es solo una pequeña parte de lo que nos depararía este viaje. Llegamos a nuestro destino donde pudimos ver una puesta de sol increíble. 

En Mihintale visitamos su zona arqueológica (entrada 1000 LKR), donde destacan:

  • Ruinas del hospital (es gratis y se encuentra fuera del recinto)
  • El refectorio
  • Estupa de Ambasthala
  • Estupa de Mahaseya
  • Gran Buda
  • Famosa Roca de la Invitación o Aradhana Gala

Nuestro último destino en el día de hoy fue Anuradhapura, donde pasamos la noche en Meera Homestay


Día 2

El día comienza en Anuradhapura, concretamente la zona religiosa. Esta zona es gratis y está compuesta por varias estupas y jardines donde pasar la mañana paseando. Luego de la zona religiosa pasamos a la zona arqueológica, esta está catalogada como patrimonio de la humanidad, por lo que sí que hay que pagar (30 $). Bajo nuestro punto de vista no merece mucho la pena pagar para entrar a esta zona, nos gustó mucho más la religiosa, pero ahí a gusto de cada uno. 

  • Zona religiosa
    • Templo de Isurumuniya (500 LKR)
    • Jardines Reales Ranmasu
    • Estupa Mirisavatiya
    • El árbol Jaya Sri Maha Bodhi
    • Lovamahapaya – Palacio de Bronce
    • Estupa Ruwanweli Maha Seya
  • Zona arqueológica
    • Templo y estupa Jethawanaramaya
    • Estupa Thuparamaya
    • Complejo Abhayagiri (donde se concentran la mayoría de los atractivos turísticos) 
    • Kuttam Pokuna – Estanques Gemelos
    • Samadhi Buda
    • Refectorio del complejo Abhayagiri
    • Estupa Abhayagiri
    • Rathna Prasada – Palacio de la Gema
    • Eth Pokuna – Estanque del Elefante

Terminada la ruta por Anuradhapura, comemos, y nos dirigimos rumbo a Trincomalee, ¡nos acercamos a la costa! Este trayecto dura 2 horas. A medida que te vas acercando ya se va notando el calor. En el distrito de Trincomalee podemos encontrar dos lugares que son los más conocidos, Nilaveli y Uppuveli. En función del tiempo del que dispongas y cómo orientes tu viaje te puede interesar más ir a uno u a otro u a las dos. Si tu viaje es más tranquilo y familiar, Nilaveli es tu lugar. En cambio, si buscas un ambiente más animado vete a Uppuveli, es un lugar con más vida nocturna, con variedad de bares y restaurantes a pie de playa donde poder socializar y pasar un rato animado. Nosotros decidimos ir hasta Uppuveli y la verdad que fue un acierto. Una vez allí no pudimos resistirnos a darnos un baño, el agua estaba a 28ºC, aunque puede parecer caliente, estaba en su punto. Terminamos el día cenando en uno de estos bares a pie de playa, donde puedes combinar un atardecer con el mar de fondo con un buen tentempié. 

Tanto esta noche como la siguiente dormimos en Walkers Hostel & Cabana.


Día 3

Ya que estamos en la costa no podemos resistirnos a hacer actividades que involucren un buen chapuzón, así que ¡allá vamos! Para el día de hoy tenemos reservada una excursión en barco para ver delfines y con suerte ballenas. Esta salida la teníamos planeada con los chicos de @seamind_srilanka. En la primera parte tuvimos suerte, pero en la segunda no tanto, en fin, la naturaleza es así.

Cuando volvimos al pueblo aprovechamos para explorar un poco la zona. Para nuestra sorpresa nos encontramos una zona donde había un grupo enorme de ciervos disfrutando de la sombra. Nos acercamos y estuvimos dándoles de comer, muy inesperado pero muy buena la experiencia.

Visitamos el fuerte de Trincomalee y su famoso templo (Thirukoneswaram Kovil) así como un templo que se encontraba cerca de la calle principal de Trincomalee (Templo Shri Badrakali Amman Hindu kovil). Terminamos el día cenando de nuevo en la playa y disfrutando de los increíbles atardeceres que te regala este país. 


Día 4

¡Seguimos con actividades acuáticas! Esta vez nos vamos hasta Nilaveli. Empezamos el día bien temprano poniendo rumbo a Pigeon Island, donde teníamos organizada una excursión con buceo incluído con los chicos de Poseidon Diving. Hicimos dos inmersiones: la primera en una zona con mucho coral, que acabó en ‘Shark Point’, donde, como os podréis imaginar, nos encontramos con una cantidad enorme de tiburones de punta negra.

La segunda inmersión fue alrededor del punto ‘Lion Fish Rock’, donde había muchísimos peces león y unas anémonas increíbles de bonitas, con colores que destacaban sobre el fondo marino. Además de las dos inmersiones, nos dejaron tiempo libre para pasear por la isla y hacer snorkel en la zona. Tuvimos la suerte de coincidir con una tortuga que estaba en su hora de la comida, lo que nos permitió disfrutar de un momento muy especial.

A pesar de que nos llevamos muy buena impresión de la escuela de buceo y de las inmersiones como tal, nos dio pena ver cómo gestionan la isla. A pesar de ser tan pequeña, está muy explotada. Había una cantidad enorme de barcas en la orilla, muchísima gente en el agua alrededor de los animales de la zona, y lo peor: no respetaban los límites impuestos por los propios guías. Muchos se acercaban demasiado a los animales, en este caso la tortuga, y la molestaban. Eso nos dejó un sabor agridulce, ya que la belleza natural del lugar se estaba viendo afectada. 

Ya de vuelta a tierra, pusimos rumbo a nuestro siguiente destino: Sigiriya. La ruta duró alrededor de 3 horas. Aún no habíamos llegado al pueblo como tal, pero la naturaleza ya nos daba la bienvenida. A lo lejos pudimos ver un elefante macho cruzando la carretera!!. Una pequeña muestra de lo que nos esperaba en esta parada. 

En Sigiriya pasamos dos noches, y dormimos en INN On The Tree Eco Resort Sigiriya, un alojamiento con habitaciones construidas en lo alto de los árboles y en medio de la selva. Una experiencia que sin duda vale la pena vivir, ya que te sientes completamente rodeado por la naturaleza y puedes disfrutar de los sonidos de la selva desde tu propia cabaña. 


Día 5

Empezamos el día despertándonos en nuestra casa árbol a las 6 de la mañana. Tras un buen desayuno en el hotel, nos dirigimos hacia Sigiriya Rock

La entrada costó 35 $, y por suerte, no había mucha gente, así que pudimos disfrutar de la subida sin agobios. El ascensor fue bastante llevadero y una vez en la cima, el viento era fortísimo, pero las vistas eran impresionantes, ¡Un auténtico Machu Picchu 2.0! Desde allí, se podía contemplar la inmensidad de la selva y las ruinas en lo alto de la roca, una imagen que queda grabada en la memoria.

De vuelta en el tuk-tuk nos dirigimos al mirador de Apagala Fortress, donde se pueden encontrar unas vistas estupendas de Sigiriya Rock. Es una parada que vale la pena si queréis apreciar esta maravilla desde otra perspectiva.

Tras comer, regresamos al hotel justo a tiempo para que pasaran a buscarnos para realizar el Safari de Minneriya. La primera parada fue para ver un pájaro, lo que nos dejó algo preocupados sobre lo que nos esperaba. De momento sólo veíamos búfalos a lo lejos, algunos monos y más pájaros. Sin embargo, al rato aparecieron los protagonistas: ¡una manada de elefantes!. Nos quedamos embobados sacando fotos. Durante el recorrido vimos más elefantes, unos 80, una experiencia realmente inolvidable.

Después del safari, fuimos a ver el atardecer en Pidurangala. La subida fue intensa y bastante sofocante debido al calor, pero finalmente llegamos a la cima para disfrutar de unas vistas espectaculares. Desde este mirador, sin duda, se obtienen las mejores vistas de Sigiriya Rock. ¡Os lo recomendamos 100%!

Concluimos el día cenando en un local cercano y volvimos a nuestra casa árbol para descansar y reponer energías para el día siguiente.


Día 6

Hoy nos toca cambiar de ciudad. En ruta hacia Dambulla pasamos por varios embalses, disfrutando del paisaje tranquilo que estos nos ofrecían. En poco tiempo ya habíamos llegado a nuestro destino. Antes de comenzar la visita, pagamos 300 LKR a un señor para que vigilara el tuk-tuk, ya que los monos de la zona tienen fama de ser bastantes traviesos y robar mochilas o cualquier cosa que se encuentra a su alcance.

Subimos primero hasta las famosas Cuevas de Dambulla, un conjunto de templos excavados en la roca que albergan impresionantes estatuas de Buda y frescos antiguos. Una vez exploradas las cuevas, continuamos en busca del Gran Buda o Templo del Oro, que destaca por su enorme estatua dorada.

Desde allí, nos pusimos en marcha hacia el famoso Buda de Aukana. El camino fue todo un descubrimiento, ya que hicimos varias paradas improvisadas para disfrutar de templos que nos llamaron la atención, probar algún plato típico en un restaurante local e incluso detenernos simplemente para admirar las impresionantes vistas que Sri Lanka ofrece en cada rincón.

La entrada al Buda de Aukana costó 1500 LKR, pero la visita mereció totalmente la pena. Esta enorme estatua tallada en la roca es una obra maestra que impresiona por su tamaño y detalle. 

Después de esta parada, retomamos el camino rumbo a Kandi, nuestro último destino del día. Al llegar, dejamos nuestras cosas en el Shalom View Homestay (en este post os contamos todos los detalles de los alojamientos en los que estuvimos durante nuestro viaje).

Con las mochilas ya en su sitio, nos dirigimos al centro de la ciudad. Aparcamos cerca del lago de Kandy, un lugar perfecto para dar un paseo tranquilo. Desde allí exploramos el mercado local, lleno de vida, colores y olores que nos acercaron aún más a la esencia del país. Para terminar el día, cenamos en el centro comercial de la ciudad, recargando energías para las aventuras que nos esperaban al día siguiente.


Día 7

Nuestra primera parada del día fue el Gran Buda Blanco (300 LKR), una imponente estatua que domina las colinas de Kandy. Desde este mirador las vistas de la ciudad son impresionantes, especialmente si vais temprano, como es nuestro caso, ya que el ambiente es más tranquilo.

Después bajamos hacia el centro para visitar el Templo del Diente de Buda (2000 LKR), uno de los lugares más sagrados de Sri Lanka. Al entrar, recordad que los extranjeros acceden por una cola diferente desde el lateral del complejo. En este recinto hay una gran afluencia de locales que acuden a rendir homenaje.

De ahí, nos acercamos al mercado de Kandy, esta vez con todos los puestos abiertos y repleto de vida local. Es un lugar ideal para empaparse del bullicio de la ciudad, ver los productos típicos y quizás llevarse algún recuerdo.

Tras recoger nuestras mochilas, nos pusimos en marcha hacia Nuwara Eliya, haciendo varias paradas por el camino.

La primera fue el Jardín Botánico de Peradeniya (3000 LKR), un rincón perfecto para relajarse un rato. Sus caminos sombreados y la gran variedad de plantas hacen que el paseo sea muy agradable.

Más adelante hicimos otra parada en la Torre Ambuluwawa (2000 LKR), una experiencia que recomendamos totalmente. Subir sus escaleras, cada vez más estrechas, hasta lo más alto fue toda una aventura, pero las vistas se lo merecen. Desde ahí arriba se puede ver un paisaje infinito de montañas y valles que parece sacado de una postal.

El trayecto hasta Nuwara Eliya se hizo largo y prácticamente es todo subida, así que el tuk-tuk sufrió bastante, pero finalmente llegamos.

En Nuwara Eliya nos alojamos en Cool Land Hot Hut Rooms & Restaurant, donde por fin pudimos descansar.


Día 8

Hoy parecía que nos habíamos cambiado de país. Nuwara Eliya nos sorprendía con su marcada influencia inglesa, algo totalmente distinto a lo que habíamos visto hasta ahora en Sri Lanka.

Empezamos el día visitando el mercado local, un lugar lleno de puestos de frutas, verduras y especias. Después, nos acercamos a la famosa oficina de correos, un edificio de estilo colonial que bien merece una visita. Desde allí aprovechamos para enviar unas postales a España por 120 LKR cada una, un bonito recuerdo para compartir nuestro viaje con la familia.

A continuación, dimos un tranquilo paseo por el Victoria Park (500 LKR), un rincón perfecto para relajarse rodeados de jardines bien cuidados y estanques llenos de patos. Luego seguimos hasta Gregory Lake (650 LKR), donde disfrutamos de un entorno precioso ideal para desconectar un rato.

Durante nuestro recorrido por la ciudad, aprovechamos para comprarnos unas sudaderas. Aquí, debido a la altitud, las temperaturas bajan considerablemente, sobre todo por la noche, así que nos vino genial tener algo de abrigo extra.

Por la tarde, visitamos la famosa plantación de té Pedro Tea Factory (500 LKR), donde nos explicaron con detalle todo el proceso de producción del té, desde la recolección hasta el secado y envasado. Fue muy interesante ver de cerca una de las industrias más importantes del país.

Justo al salir, empezó a diluviar. Ya habíamos leído que en esta región es bastante común que llueva, así que no nos pilló por sorpresa. Compramos unos chubasqueros y, sin que la lluvia nos detuviera, nos lanzamos a hacer una ruta por algunas de las cascadas más destacadas de la zona. Visitamos Lover’s Leap Waterfall y Nanu Oya Water Falls, ambas rodeadas de paisajes impresionantes entre plantaciones de té. En Nanu Oya Water Falls tuvimos la suerte de coincidir con el paso del tren justo sobre el puente que la atraviesa, creando un momento único y espectacular que quedará grabado en nuestra memoria.

Para cerrar el día con broche de oro, tomamos un café en un acogedor local enclavado en plena plantación de té, disfrutando de unas vistas maravillosas. De vuelta en el centro de la ciudad, no podía faltar la cata de la cerveza local, perfecta para brindar por otro día lleno de experiencias en Sri Lanka.


Día 9

Hoy teníamos reservado el billete para uno de los trayectos en tren más bonitos que se pueden hacer: el viaje de Nuwara Eliya a Ella, programado para las 12:30. Esto nos permitió dormir algo más de lo habitual, cosa que agradecimos mucho. (Este tren parte desde la estación de Nanu Oya, que está a pocos minutos de Nuwara Eliya).

Sin embargo, al llegar a la estación nos informaron que el tren llevaba un retraso de cinco horas, e incluso podría demorarse más. Como salir tan tarde significaría hacer el viaje de noche y perdernos los impresionantes paisajes del recorrido, decidimos no esperar y continuar en tuk-tuk. Por suerte, los trabajadores de la estación nos devolvieron el dinero del billete aunque lo habíamos comprado por internet, y el transfer que teníamos contratado con el alquiler del tuk-tuk tampoco se realizó, así que también nos reembolsaron esa parte.

El viaje en tuk-tuk resultó ser una alternativa muy interesante. No sé si las vistas fueron tan espectaculares como desde el tren, pero el paisaje que nos acompañó en el camino fue precioso. A medida que descendíamos, el clima también cambiaba: el frío de Nuwara Eliya fue dando paso a un calor que poco a poco volvía a sentirse con fuerza. Sin apenas darnos cuenta, ya habíamos llegado a Ella.

Este pueblo es probablemente uno de los destinos más populares de Sri Lanka, pero en nuestra opinión no fue tan impresionante como esperábamos. No queremos decir que no merezca la pena visitarlo, pero fue el lugar que menos nos gustó del viaje debido a la masificación de turistas. Era la primera vez en toda nuestra ruta que veíamos más viajeros que gente local.

Lo primero que hicimos fue dejar las cosas en el hotel Top Heaven. Nuestra primera visita fue al famoso Puente de los Nueve Arcos, que es por donde habría pasado el tren que no pudimos tomar… Aun así, el puente merece totalmente la visita; su estructura y el entorno lo convierten en un lugar muy fotogénico.

Tras esta visita, paramos a comer para reponer energías, ya que la siguiente parada fue Little Adam’s Peak. La subida es sencilla y las vistas desde la cima son increíbles, un auténtico mar de montañas y vegetación.

Para finalizar el día, nos acercamos al centro de Ella, una calle llena de restaurantes y locales con un ambiente animado. Terminamos el día cenando en uno de ellos, disfrutando de la comida y el ambiente del lugar.


Día 10

Hoy nos disponíamos a hacer el trekking hasta Ella Rock, una de las rutas más populares de la zona. Puedes comenzar la caminata desde la propia ciudad o como fue nuestro caso ir hasta la estación del tren para iniciarla desde allí.

Al inicio del camino, unos amigables locales se ofrecieron a guiarnos por atajos supuestamente más rápidos. Sin embargo, ya habíamos leído que estos «atajos» en realidad dan más vueltas y terminan en que te pidan dinero por el recorrido. Por eso, educadamente les dijimos que no y seguimos nuestro camino.

A diferencia de lo que se suele leer en internet, la subida es mucho más sencilla de lo que parece y se completa en menos tiempo. Desde la estación de tren, hay que seguir las vías hacia la derecha (y no hacia la izquierda como algunos locales te dirán) y pronto verás las señales que indican el camino correcto. Si vas a un ritmo tranquilo, en unas 2 horas ya estarás en la cima, nosotros tardamos 1 hora y 15 minutos a un ritmo rápido y eso que nos perdimos durante el trayecto.

Una vez arriba, te espera el mirador principal, que está justo nada más llegar, donde hay que pagar 930 LKR por persona. Además, hay otros dos miradores, uno a la derecha y otro a la izquierda del principal. Aunque no son tan espectaculares, ya que estás arriba merece la pena visitarlos.

Después del trekking, regresamos al hotel para recoger nuestras mochilas y continuar nuestro camino hacia Tissamaharama. Pero durante el camino, decidimos hacer algunas paradas por varias cascadas.

La primera parada fue en la famosa Cascada de Ravana, una impresionante caída de agua en la que, lamentablemente, en ese momento no se podía bañar. Seguimos el camino hasta la conocida como Secret Waterfall, un rincón escondido pero ideal para refrescarse. Pasamos aquí varias horas disfrutando del agua y tomando el sol. Fue un lugar perfecto para combatir el calor sofocante.

La última parada de nuestra ruta fue en Diyaluma Falls una cascada muy alta, algo alejada, pero que sin duda merece la pena visitar si tienes tiempo de sobra.

Ya en ruta hacia Tissamaharama, decidimos atravesar la carretera que cruza el Parque Nacional de Yala (B35), esperando tener suerte y poder ver algún elefante. Durante el recorrido nos encontramos con ciervos, pavos reales y monos, pero ningún elefante. Justo cuando ya habíamos perdido la esperanza, a solo 2 km de terminar el trayecto, vimos a lo lejos un elefante comiendo tranquilamente al borde de la carretera. Nos quedamos un buen rato observándolo hasta que decidimos continuar. Fue entonces cuando vimos un segundo elefante, esta vez mucho más asustadizo, que se perdió rápidamente entre la maleza. ¡Misión cumplida! Habíamos vuelto a ver elefantes.

Finalmente llegamos al hotel Blue Birds Tissa & Yala Safari, donde cenamos pronto para acostarnos temprano, ya que mañana nos espera otro safari y tenemos que madrugar a las 4 a.m.


Día 11

¡Hoy toca safari en el Parque Nacional de Yala! Nuestro conductor nos recogía en la puerta del hotel a las 4:30, y partimos rumbo al parque nacional. Llegamos a las 5:30 y tuvimos que esperar hasta las 6:00, que es cuando abren las puertas.

Mientras esperábamos, vimos cómo se iban acumulando jeeps, lo que nos hizo temer que el parque estuviera sobresaturado. Sin embargo, una vez dentro, el lugar es tan extenso que esa sensación desaparece por completo.

El safari es una experiencia que depende mucho de la suerte, pero en nuestro caso pudimos ver un montón de animales: jabalíes, ciervos, huellas de leopardo, pavos reales, cocodrilos, búfalos, elefantes, zorros, mangostas y muchísimos tipos de aves.

Pasaban las horas y seguíamos sin rastro del oso o el leopardo, pero finalmente los conductores se pusieron en contacto entre ellos y nos dirigimos hacia una zona rocosa donde, en lo alto, descansaba un leopardo. ¿Lo vimos? Sí, pero tan lejos y con tan poca claridad que apenas pudimos distinguirlo.

Tras unas ocho horas de recorrido, regresamos al hotel y le pagamos al dueño 16250 LKR cada uno por el safari. Después de una ducha rápida, nos pusimos en marcha hacia Tangalle.

Una hora más tarde llegamos a Tangalle y nos alojamos en el Chandi Gaya Guest House. Aquí nos enamoramos del lugar. Al ser temporada de monzón, no había turistas y la sensación de tener el sitio para nosotros solos lo hacía más especial, como sacado de una película.

Por la tarde, nos dedicamos a pasear por las inmensas playas donde las tortugas desovan. Más tarde, alquilamos unos kayaks para recorrer el lagoon, donde llegamos a ver un varano de más de dos metros.

Ya por la noche, fuimos a Turtle Watch Rekawa con la esperanza de presenciar el desove de una tortuga. Tuvimos suerte y pudimos presenciar ese momento tan especial. Sin embargo, la experiencia fue agridulce.

Al principio, todo transcurría según lo previsto: se nos indicó que no hiciéramos ruido ni usáramos flash, algo que todos respetamos al principio. Pero a medida que avanzaba el tiempo, algunos turistas empezaron a gritar y otros incluso sacaron fotos con flash. El guía les llamó la atención, lo que nos tranquilizó un poco. Sin embargo, lo que ocurrió después nos dejó bastante mal sabor de boca.

Cuando la tortuga terminó de tapar sus huevos con la arena, el guía, impaciente, la cogió y la movió bruscamente, incluso dándole algunos golpes para que se dirigiera al agua. Al preguntarle por qué lo había hecho, nos explicó que si la tortuga permanecía demasiado tiempo fuera del agua, debía guiarla de vuelta. Sin embargo, la manera en que lo hizo no nos pareció ni adecuada ni respetuosa con el animal.

Fue emocionante ver una tortuga desovar, pero esta situación empañó bastante la experiencia.


Día 12

Hoy se acaba nuestro gran viaje. Toca poner rumbo a Negombo para devolver el tuk-tuk, así que nos espera un día largo de carretera. El trayecto en tuk-tuk puede hacerse pesado, pero después de todas las experiencias vividas, merecía la pena pasar un último día algo más cansado.

La única parada importante del día fue en Mirissa, donde aprovechamos para dar un paseo por la playa y recorrer un poco la calle principal de la ciudad.

Durante el camino tuvimos una anécdota bastante surrealista. Como el viaje era largo, decidimos turnarnos para conducir el tuk-tuk, aunque solo Adri tenía la licencia de conducir. En uno de esos turnos, Angie iba conduciendo cuando nos detuvo la policía. Nos dijeron que la multa sería de 70€, pero tras una «negociación» bastante directa, la cosa quedó en 10€. Sin duda, una experiencia que nos quedará como anécdota para el recuerdo.

Un rato más tarde, volvimos a ser parados por la policía, esta vez sin razón. Nos acusaban de ir por el carril derecho cuando, en realidad, el carril izquierdo estaba completamente ocupado por coches, motos y tuk-tuks aparcados. Tras un buen rato discutiendo y explicándonos, logramos seguir nuestro camino sin tener que pagar nada.

Finalmente, llegamos a Negombo sobre las 19:30, tras haber salido de Tangalle a las 10:00. Entregamos el tuk-tuk alquilado, compramos los últimos souvenirs del viaje y terminamos cenando en el mismo restaurante donde habíamos comido el primer día.

Para cerrar el viaje, pasamos nuestra última noche en White House, donde aprovechamos para descansar y recordar todos los momentos inolvidables que nos dejó este viaje.


Día 13

Como parte del acuerdo por no haber tenido el servicio de recogida en el aeropuerto el primer día, el último día el chico del alquiler del tuk-tuk se encargó de llevarnos hasta allí.

A la hora acordada nos recogieron y Angie y yo contemplamos, con tristeza, nuestros últimos momentos en Sri Lanka. El viaje llegaba a su fin.

Una vez en el aeropuerto, aprovechamos para desayunar antes de coger nuestro vuelo de las 9:30 con dirección a Abu Dabi con la compañía Etihad Airways. Aterrizamos en Abu Dabi a las 12:45 y, como teníamos tiempo hasta nuestro siguiente vuelo, decidimos hacer una ruta exprés tanto por Abu Dabi como por Dubái.

Aprovechamos al máximo esas horas para conocer algunos rincones icónicos de ambas ciudades antes de regresar al aeropuerto y embarcar en nuestro vuelo hacia Lisboa, que partía a las 2:00 del día siguiente.

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